X


[ Pobierz całość w formacie PDF ]

- Y �l �qu� tiene que ver? - pregunt� -. �El tambi�n te quiere, acaso? �O es que el
deseo de tenerte se ha vuelto hereditario en esa familia y pasa de generación en
generación?
No entendió muy bien qu� le quer�a decir.
- Es probable - dijo - que todos quieran vengar la muerte de Jubal. Son siete, siete
hombres tremendos. Alguien tendr�a que matarlos a todos para que pudiese volver a
reunirme con mi gente.
Empezaba a parecerme que yo hab�a asumido un compromiso un tanto excesivo para
m�, de unas siete etapas, para ser exacto.
- �Ten�a Jubal alg�n primo? - pregunt�, queriendo saber lo peor.
- S� - respondió Dian -, pero ellos no cuentan, pues todos tienen esposas. Los
hermanos de Jubal no las tienen porque �l no pod�a conseguir ninguna para �l. Era tan
feo que las mujeres le hu�an. Algunas han llegado a arrojarse al Darel Az desde los
acantilados de Amoz antes que tener que unirse a �l.
- Pero eso �qu� tiene que ver con sus hermanos? - pregunt�.
- Hab�a olvidado que no eres de Pelucidar - dijo Dian con una expresión de l�stima y de
desprecio; y ese desprecio parec�a exagerarlo, dadas la circunstancias, para que no
hubiera posibilidad alguna de que yo lo pasase por alto.
- Lo que ocurre - prosiguió es que el hermano menor no puede tomar esposa hasta que
todos sus hermanos mayores lo hayan hecho, a menos que �stos quieran ceder la
prerrogativa, cosa que Jubal no quer�a hacer, pues sab�a que en tanto ellos
permaneciesen solteros har�an lo posible por ayudarlo a encontrar compa�era.
Not� que Dian estaba un poco m�s comunicativa y eso me infundió la esperanza de
que se estuviera reconciliando conmigo, aunque pronto descubr� que mi esperanza
pend�a de un hilo muy delgado.
- Ya que no te atreves a retornar a Amoz - dije - �qu� ser� de ti, puesto que no puedes
ser feliz aqu� conmigo y me detestas de esa forma?
- Tendr� que soportarte - replicó con frialdad - hasta que decidas irte a otra parte y
dejarme en paz. Despu�s me las arreglar� muy bien sola.
La mir� atónito. Parec�a inaudito que aun una mujer prehistórica fuera tan fr�a y
desagradecida. Me puse de pie.
- Yo te dejar� ahora mismo - dije con soberbia -. Ya he soportado demasiado tus
insultos y tu ingratitud - y me fui caminando altivamente hacia el valle. Anduve cien pasos
en silencio absoluto y entonces Dian habló.
- �Te odio! - gritó, y su voz se quebró, de ira, supuse yo.
Me sent�a absolutamente desdichado, pero no me hab�a alejado mucho cuando me di
cuenta de que no pod�a dejarla all� sola sin protección, para que tuviese que conseguir su
propio alimento en medio de los peligros de aquel mundo salvaje. Pod�a odiarme,
vituperarme y mortificarme a cada instante, como ya hab�a hecho, hasta que yo la odiase;
pero lo cierto era que yo la amaba y que no pod�a dejarla all� sola.
Cuanto m�s pensaba en eso, m�s me encolerizaba, de modo que cuando llegu� al
valle estaba furioso y el resultado fue que gir� sobre mis talones y volv� a escalar ese
acantilado con la misma rapidez con que lo hab�a bajado. Vi que Dian se hab�a metido en
la cueva, de modo que yo tambi�n entr�. Estaba recostada con la cara escondida en el
montón de pasto que yo hab�a recogido para hacer la cama, y al o�rme se puso de pie de
un salto.
- �Te odio! - exclamó.
62
Al entrar de la luz brillante del sol del mediod�a a la semipenumbra de la cueva no
pod�a distinguir sus facciones, lo cual fue un alivio, pues no deseaba leer el odio que
habr�a escrito en ellas.
No le dije una palabra. Cruc� la caverna y la tom� de las mu�ecas. Ella luchó, pero yo
le sujet� las manos contra el cuerpo con un brazo. Luchaba como una tigresa, pero con
mi otra mano le tir� la cabeza hacia atr�s. Supongo que me hab�a vuelto salvaje de
repente, que hab�a retrocedido un millón de a�os y me hab�a convertido en un verdadero
cavern�cola que tomaba por la fuerza a su hembra. Entonces bes� una vez y otra aquellos
labios hermosos.
- Dian - exclam� sacudi�ndola bruscamente -, yo te amo. �No puedes comprender que
te amo?, �que te amo m�s que a nada en este mundo y en el m�o?, �que voy a tenerte
porque un amor as� no puede ser rechazado?
Not� que ya permanec�a muy quieta entre mis brazos; y a medida que mis ojos se
acostumbraban a la oscuridad, vi que estaba sonriendo, con una sonrisa satisfecha y feliz.
Qued� estupefacto. Me di cuenta de que, muy dulcemente, estaba tratando de soltar sus
brazos, y entonces yo afloj� el m�o para permitirle hacerlo. Lentamente sus manos me
ci�eron el cuello, y atrajo mis labios hacia los suyos reteni�ndolos all� largo rato, por fin
habló.
- �Por qu� no hiciste esto desde el principio, David? �He estado esperando tanto
tiempo!
- �Qu�? - exclam� -. �Dijiste que me odiabas!
- �Esperabas acaso que corriera a tus brazos, dici�ndote que te amaba antes de saber
si t� me amabas? - preguntó ella.
- Pero si yo te dije desde el comienzo que te amaba - dije.
- El amor se demuestra con actos - respondió -. Pod�as hacer que tu boca dijera lo que
deseabas; pero ahora, cuando me tomaste en tus brazos, tu corazón le habló al m�o en un
lenguaje que el corazón de una mujer puede entender. �Qu� hombre tonto eres, David!
- Entonces, �nunca me has odiado? - pregunt�.
- Siempre te he amado - susurró -, desde el momento en que te vi, aunque no lo supe
hasta que luchaste con Hooja el Astuto y luego me rechazaste.
- Pero no te rechac�, Dian, querida - exclam� -. Yo desconoc�a tus costumbres, y no s�
si ahora, incluso, las conozco. Parece incre�ble que me hayas insultado tanto, mientras al
mismo tiempo me quer�as.
- Deber�as haberte dado cuenta - dijo -, al no huir de tu lado, que no era el odio lo que
me encadenaba a ti. Mientras luchabas con Jubal, pude haber esperado en el l�mite del
bosque y haberte eludido al saber el resultado del combate. [ Pobierz całość w formacie PDF ]

  • zanotowane.pl
  • doc.pisz.pl
  • pdf.pisz.pl
  • domowewypieki.keep.pl
  • Drogi użytkowniku!

    W trosce o komfort korzystania z naszego serwisu chcemy dostarczać Ci coraz lepsze usługi. By móc to robić prosimy, abyś wyraził zgodę na dopasowanie treści marketingowych do Twoich zachowań w serwisie. Zgoda ta pozwoli nam częściowo finansować rozwój świadczonych usług.

    Pamiętaj, że dbamy o Twoją prywatność. Nie zwiększamy zakresu naszych uprawnień bez Twojej zgody. Zadbamy również o bezpieczeństwo Twoich danych. Wyrażoną zgodę możesz cofnąć w każdej chwili.

     Tak, zgadzam się na nadanie mi "cookie" i korzystanie z danych przez Administratora Serwisu i jego partnerów w celu dopasowania treści do moich potrzeb. Przeczytałem(am) Politykę prywatności. Rozumiem ją i akceptuję.

     Tak, zgadzam się na przetwarzanie moich danych osobowych przez Administratora Serwisu i jego partnerów w celu personalizowania wyświetlanych mi reklam i dostosowania do mnie prezentowanych treści marketingowych. Przeczytałem(am) Politykę prywatności. Rozumiem ją i akceptuję.

    Wyrażenie powyższych zgód jest dobrowolne i możesz je w dowolnym momencie wycofać poprzez opcję: "Twoje zgody", dostępnej w prawym, dolnym rogu strony lub poprzez usunięcie "cookies" w swojej przeglądarce dla powyżej strony, z tym, że wycofanie zgody nie będzie miało wpływu na zgodność z prawem przetwarzania na podstawie zgody, przed jej wycofaniem.